miércoles, 5 de mayo de 2010

Prueba "el caballero de la armadura oxidada"

Ya la prueba es el 13 de mayo lean el resumen les puede servir y acuérdense de las palabras

Capítulo primero: El dilema del caballero

Este primer capítulo nos comienza contando la historia de un Caballero muy bueno, generoso y amoroso. Este Caballero tenía una hermosa armadura de la cual muchos decían que el Sol se ponía en ella. El Caballero rescataba damiselas en apuros, aunque no siempre ellas estaban agradecidas de que les salvaran. También mataba Dragones y luchaba en cruzadas. Siempre tenía que estar a dispuesto para partir. El Caballero tenía una mujer llamada Julieta y un hijo llamado Cristóbal. Estos estaban hartos de no poder hablar con el Caballero ya que siempre les acababa contando sus magnificas hazañas. Además tenía tanta devoción hacia su armadura que decidió no quitársela. Con esa armadura se sentía seguro y le mostraba a la gente la gran persona que era. Se refugiaba en su armadura para sentirse bien. Su mujer le pidió que se la quitara, y si no lo hacía se marcharía junto a su hijo. El Caballero intento quitársela pero fue inútil. Entonces partió hacía un lugar incierto buscando a alguien que le ayudara a deshacerse de ella. Primero fue a despedirse del rey. Este no estaba, se había marchado a la cruzada pero el bufón Bolsalegre le ofreció una valiosa información; el mago Merlín le podía ayudar con su problema.


Capítulo segundo: En los bosques de Merlín

El Caballero partió, pero no sabía exactamente donde ir, el bosque era muy grande. Cabalgo día y noche y mientras buscaba a Merlín se dio cuenta que no sabía nada de lo necesario para poder sobrevivir en un bosque. No sabía distinguir el Norte del Sur, el Este del Oeste. No sabía si las frutas eras venenosas o si podría beber agua o no. Se dio cuenta que aunque era un valeroso guerrero no sabía nada de la vida. Después de buscar y buscar encontró a Merlín sentado en un árbol, rodeado de animales. Le dio de beber una bebida la cual Merlín la llamaba Vida. Al caballero le impactó su sabor ya que a medida que la iba bebiendo la bebida se iba endulzando. Merlín le explico que se refugiaba en su armadura, por eso estaba atrapado en ella. El se sentía solo por lo que decidió volver con su familia, pero no sabia si ellos querían que volvieran por lo que le dio una carta a la paloma Rebeca para que se la diera a su hijo para que este le contestara. La paloma tardó en llegar, pero cuando lo hizo volvió con un papel en blanco, quería decir que su hijo no le conocía lo suficiente como para proporcionarle una respuesta coherente. Merlín le dijo “tendrás un largo y frío invierno si tienes un corto y frío corazón” lo que animó al caballero a encontrar una respuesta para quitarse la armadura.


Capítulo tercero:El sendero de la verdad

Cuando el caballero despertó, Merlín estaba sentado silenciosamente a su lado. - Siento no haber actuado como un caballero - dijo - Mi barba está hecha una sopa.- añadió disgustado. - No os excuséis - dijo Merlín - Acabáis de dar el primer paso para liberaros de vuestra armadura. - ¿Qué queréis decir? - Ya lo veréis - replicó el Mago. Se puso de pie. Es hora de que os vayáis. Esto molestó al caballero. Estaba empezando a disfrutar de estar en el bosque con Merlín y los animales. De cualquier manera, le parecía que no tenía adónde ir. Aparentemente, Julieta y Cristóbal no lo querían en casa. Es verdad que podía volver al asunto de la caballería e ir a alguna cruzada. Tenía muy buena reputación en batalla, y había muchos reyes que se sentirían felices teniéndolo a su lado, pero ya no le parecía que luchar pudiese tener sentido. Merlín le recordó al caballero su nuevo propósito: liberarse de la armadura. -¿Por qué molestarse? - preguntó el caballero ásperamente - a Julieta y a Cristóbal les daba igual si me la quito o no. - Hacedlo por vos mismo - sugirió Merlín - El estar atrapado entro todo ese acero os ha causado muchos problemas, y las cosas empeorarán con el paso del tiempo. Incluso podríais morir a causa de una neumonía por culpa de una barba empapada. - Supongo que sí, mi barba se ha convertido en un fastidio - replicó el caballero - Estoy cansado de cargar con ella y estoy harto de comer papillas. Ahora que lo pienso, ni siquiera me puedo rascar la espalda cuando me pica. - ¿Y cuando fue la última vez que sentisteis el calor de un beso, olisteis la fragancia de una flor, o escuchasteis una hermosa melodía sin que vuestra armadura se interpusiera entre vosotros? - Ya ni me acuerdo - murmuró el caballero con tristeza - Tenéis razón, Merlín. Tengo que liberarme de esta armadura por mí mismo. - No podéis continuar viviendo y pensando como lo habéis hecho hasta ahora - dijo Merlín - Fue así como os quedasteis atrapado en ese montón de acero al principio. - Pero, ¿cómo puedo cambiar todo eso? - preguntó el caballero intranquilo. - No es tan difícil como parece - explicó Merlín, conduciendo al caballero hacia un sendero - Éste es el sendero que seguisteis para llegar a estos bosques. - Yo no seguí ningún sendero - dijo el caballero - ¡Estuve perdido durante meses! - La gente no suele percibir el sendero por el que transita - replicó Merlín. - ¿Queréis decir que el sendero estaba ahí pero yo no lo podía ver? - Sí, y podéis regresar por el mismo, si asó lo deseáis; pero conduce a la deshonestidad, la avaricia, el odio, los celos, el miedo y la ignorancia. - ¿Estáis diciendo que yo soy todo eso? - preguntó el caballero indignado. - En algunos momentos, sois alguna de esas cosas - admitió Merlín en voz baja. El mago señaló hacia otro sendero. Era más estrecho que el primero y muy empinado. - Parece una escalada difícil - observó el caballero. -Ése - dijo Merlín asintiendo - es el Sendero de la Verdad. Se vuelve más empinado a medida que se acerca a la cima de una lejana montaña. El caballero contempló el empinado camino sin entusiasmo. - No estoy seguro de que valga la pena. ¿Qué conseguiré cuando llegue a la cima? - Se trata de lo que no tendréis. - explicó Merlín - ¡Vuestra armadura! El caballero reflexionó sobre esto. Si regresaba por el camino por el que había venido, no tendría esperanzas de liberarse de su armadura y, probablemente moriría de soledad y fatiga. La única manera de quitarse la armadura era, por lo visto, seguir el Sendero de la Verdad, aunque pudiese, en tal caso, morir intentando trepar hacia la empinada montaña. El caballero observó el difícil sendero que tenía delante. Luego miró hacia abajo, y contempló el acero que cubría su cuerpo. - Está bien - dijo con resignación - Probaré el Sendero de la Verdad. Merlín asintió: - Vuestra decisión de transitar un sendero desconocido, teniendo que cargar con una pesada armadura, requiere mucho coraje. El caballero sabía que tenía que comenzar de inmediato, porque, si no, podría cambiar de opinión. - Iré a buscar mi fiel caballo - dijo - Oh, no - rebatió Merlín, moviendo la cabeza de lado a lado - El camino tiene partes demasiado estrechas para que un caballo pueda pasar. Tendréis que ir a pie. Horrorizado, el caballero se dejó caer sobre una roca. - Creo que prefiero morir por culpa de una barba empapada - dijo, perdiendo todo el coraje con una rapidez impresionante. - No tendrás que viajar solo - le dijo Merlín - Ardilla os acompañará. - ¿Qué pretendéis, que cabalgue sobre una ardilla? - preguntó el caballero, asustado ante la idea de tener por compañera en tan arduo viaje a un animal sabelotodo. - Puede que no me puedas montar - dijo la ardilla - pero me necesitaréis para que os ayuda a comer. ¿Quien si no, masticará las nueces para vos y las pasará por vuestra visera? Cuando Rebeca oyó la conversación, voló desde un árbol cercano y se posó en el hombro del caballero. - Yo también os acompañaré. He estado en la cima de la montaña y conozco el camino - dijo. La buena disposición que mostraban los dos animales para ayudarle, proporcionó al caballero el coraje que necesitaba. “Bueno, bueno - se dijo -¡uno de los principales caballeros del reino necesitando que una ardilla y un pájaro le den coraje!” Se puso de pie con gran esfuerzo, indicándole a Merlín que estaba listo para comenzar el viaje. Mientras caminaban por el sendero, el mago sacó una exquisita llave dorada de su cuello y se la dio al caballero. - Esta llave abrirá las puertas de los tres castillos que bloquearán vuestro camino. -¡Lo sé! Gritó el caballero - Habrá una princesa en cada castillo, y mataré al dragón que la retiene y la rescataré... -¡Basta! - lo interrumpió Merlín - No habrá princesas en ninguno de estos castillos. E, incluso si las hubiese, en estos momentos no estáis capacitado para rescatar a ninguna. Tenéis que aprender a salvaros vos primero. Tras la reprimenda, el caballero permaneció en silencio, mientras Merlín continuaba: - El primer castillo se llama Silencio; el segundo Conocimiento y el tercero Voluntad y Osadía. Una vez hayáis entrado en ellos, encontraréis la salida sólo cuando hayáis aprendido lo que habéis ido a aprender. Desde el punto de vista del caballero, esto no parecía tan divertido como rescatar princesas. Además, en aquel momento, visitar castillos no era lo que más le apetecía. - ¿Por qué no puedo simplemente rodear los castillos? Preguntó malhumorado. - Si lo hacéis, os extraviaréis del sendero y seguramente os perderéis. La única manera de llegar a la cima de la montaña es atravesando los castillos - dijo Merlín firmemente. El caballero suspiró profundamente mientras contemplaba la empinada y estrecha senda. Desaparecía entre los altos árboles que sobresalían hacia unas nubes bajas. Presintió que este viaje sería mucho más difícil que una cruzada. Merlín sabía lo que el caballero estaba pensando. - Sí - afirmó - es una batalla diferente la que tendréis que librar en el Sendero de la Verdad. La lucha será aprender a amaros. -¿Cómo haré eso? - preguntó el caballero. -Empezaréis por aprender a conoceros - respondió Merlín - Esta batalla no se puede ganar con la espada, así que la tendréis que dejar aquí - la tierna mirada de Merlín descansó en el caballero por un momento. Luego añadió -: Si os encontráis con algo con lo que no podáis lidiar, llamadme, y yo acudiré. - ¿Queréis decir que podéis aparecer dondequiera que yo me encuentre? - Cualquier mago que se precie lo puede hacer - replicó Merlín. Dicho esto desapareció. El caballero quedó asombrado. - ¡Pero bueno... si ha desaparecido! Ardilla asintió. - A veces realmente la hace buena. - Gastaréis toda vuestra energía hablando - les riño Rebeca - Pongámonos en marcha. El yelmo del caballero emitió un chirrido cuando éste asintió. Partieron con Ardilla al frente y, detrás, el caballero con Rebeca sobre su hombro. De tanto en tanto, Rebeca volaba en misión exploratoria y volvía para informarles de lo que les esperaba más adelante. Después de unas horas, el caballero se derrumbó, exhausto y dolorido. No estaba acostumbrado a viajar sin caballo y con la armadura puesta. Como de todas maneras era casi de noche, Rebeca y Ardilla decidieron parar para dormir. Rebeca voló entre los arbustos y regresó con algunas bayas, que empujó a través de los orificios de la visera del caballero. Ardilla fue a un arroyo cercano y llenó algunas cáscaras de nuez con agua, que el caballero bebió con la pajita que Merlín le había proporcionado. Demasiado agotado como ara esperar a que Ardilla le preparara más nueces, se quedó dormido. A la mañana siguiente le despertó el sol cayendo sobre sus ojos. La luminosidad le molestaba. Su visera nunca había dejado pasar tanta luz. Mientras intentaba entender este fenómeno, se dio cuenta de que Ardilla y Rebeca le estaban observando, al tiempo que parloteaban y arrullaban con excitación. Hizo un esfuerzo por sentarse y, de repente, se dio cuenta de que podía ver mucho más que el día anterior, y que podía sentir la fresca brisa en sus mejillas. ¡Una parte de su visera se había roto y se había caído! “¿Cómo habrá sucedido?”, se preguntó. Ardilla contestó a la pregunta que él no había formulado en voz alta. - Se ha oxidado y se ha caído. - Pero ¿Cómo? - preguntó el caballero. - Por las lágrimas que derramasteis después de ver la carta en blanco de vuestro hijo - dijo Rebeca. El caballero meditó sobre esto. La pena que había sentido era tan profunda que su armadura no había podido protegerle. Al contrario, sus lágrimas habían comenzado a deshacer el acero que le rodeaba. -¡Esto es! Gritó - ¡Las lágrimas de auténticos sentimientos me liberarán de la armadura! Se puso de pie más rápido de lo que había hecho en años. - ¡Ardilla! ¡Rebeca! - gritó -¡Espabilad! ¡Vamos al Sendero de la Verdad! Rebeca y Ardilla estaban tan llenas de alegría con lo que estaba sucediéndole al caballero que no le dijeron que su rima era malísima. Los tres continuaron la ascensión de la montaña. Era un día muy especial para el caballero. Notó las diminutas partículas iluminadas por el sol que flotaban en el aire, filtrándose a través de las ramas de los árboles. Miró con detenimiento las caras de algunos petirrojos y vio que no eran todas iguales. Le comentó eso a Rebeca, que dio pequeños saltitos, arrullando alegremente. - Estáis empezando a ver las diferencias en otras formas de vida porque estáis empezando a ver las diferencias en vuestro interior. El caballero intentó comprender qué quería decir Rebeca exactamente. Era demasiado orgulloso para preguntar, pues todavía pensaba que un caballero tenía que ser más listo que una paloma. En ese preciso momento, Ardilla, que había ido a explorar, regresaba alborotada. -El Castillo del Silencio está justo detrás de la próxima subida. Emocionado ante la idea de ver el Castillo, el caballero apuró el paso. Llegó a la cima del monte sin aliento. Era verdad, el castillo se veía a lo lejos, bloqueando el sendero por completo. El caballero les confesó a Ardilla y Rebeca que estaba decepcionado. Había esperado una estructura más elegante. En lugar de eso, el Castillo del Silencio parecía uno más. Rebeca rió y dijo: -Cuando aprendáis a aceptar en lugar de esperar, tendréis menos decepciones. El caballero asintió ante la sabiduría de estas palabras. - He pasado casi toda mi vida decepcionándome. Recuerdo que, estando en la cuna, pensaba que era el bebé más bonito del mundo. Entonces mi niñera me miró y dijo: “Tenéis una cara que sólo una madre puede amar”. Me sentí decepcionado por ser feo en lugar de hermoso, y me decepcionó que la niñera fuera tan poco amable. - Si realmente os hubierais sentido hermoso, no os hubiera importado lo que ella dijo. No os hubierais sentido decepcionado - explicó Ardilla. Esto tenía sentido para el caballero. - Estoy empezando a pensar que los animales son más listos que las personas. - El hecho de que podáis decir eso os hace tan listo como nosotros - replicó Ardilla. - No creo que todo esto tenga nada que ver con ser listo - dijo Rebeca - Los animales aceptan los humanos esperan. Nunca oiréis a un conejo decir: “Espero que el sol salga esta mañana para poder ir al lago a jugar”. Si el sol no sale, no le estropeará el día al conejo. Es feliz siendo un conejo. El caballero pensó en esto. No recordaba a ninguna persona que fuera feliz simplemente por ser una persona. Al poco rato llegaron a la puerta del enorme castillo. El caballero cogió la llave dorada de su cuello y la introdujo en la cerradura. Y mientras abría la puerta, Rebeca le dijo: - Nosotras no iremos contigo. El caballero, que estaba empezando a amar y a confiar en los animales, se sintió decepcionado por que no le acompañaran. Estaba a punto de decirlo, cuando se dio cuenta. Estaba esperando otra vez. Los animales sabían que el caballero dudaba entre entrar o no en el castillo. - Os podemos mostrar la puerta - dijo Ardilla, pero tendréis que entrar solo. Al alejarse volando, Rebeca le llamó alegremente. - Nos encontraremos al otro lado.



Capítulo cuarto: El castillo del Silencio

El Caballero, completamente solo, entró en el castillo. Estaba oscuro y no se oía nada. Entonces el rey se acercó al Caballero, este se sorprendió que el rey estuviera allí y no en las cruzadas. El rey le confesó que solía recorrer el camino de la verdad a menudo para encontrarse a sí mismo. Claro que le parecía más sencillo decirles a sus súbditos que partía a las cruzadas, porque había altas probabilidades de que no le entendieran.

El rey aclaró al caballero que tenía que pasar las puertas del castillo solo, porque solo él podía encontrase a sí mismo. El Caballero se quedó solo y comenzó a pensar y recordar cosas de su vida y comprendió que tenía miedo de estar solo. Pasó a una segunda habitación más pequeña y comprendió el dolor que sentía su mujer y lloró por ella. Pasó a una tercera habitación donde encontró a su yo interior, su yo verdadero. Luego de tanta emoción, se quedó dormido.

Al despertar estaba ya fuera del castillo y a su lado estaban la paloma Rebeca y la ardilla. Se dio cuenta que la parte arriba de si armadura había desaparecido. Asombrado llamó a Merlín que le aclaró sus preguntas y prosiguió su camino.


Capítulo quinto: El Castillo del Conocimiento

Al entrar en el castillo del conocimiento, quedó sorprendido porque era muy grande y su puerta era de oro macizo, pero no tenía luz. De repente leyó una frase que le hizo reflexionar: "El conocimiento es la luz que iluminará vuestro camino" y poco después vio otra: "¿Habéis confundido la necesidad con el amor?", la consideraba muy difícil pero le ayudó a comprender que él amaba a su familia por encima de todo que al igual que su familia lo necesitaba, él también necesitaba de ella. Llegó a la conclusión de que huía de la realidad y al igual que su mujer bebía para olvidarse de los problemas, él prefería echar las culpas a la pobre Julieta y olvidarse del tema.

Con esta actitud lo único que había conseguido es no amar verdaderamente a su familia, ya que no se amaba el a sí mismo. También aprendió que no era realmente feliz y que la ambición no es mala. Es buena cuando proviene del corazón y no del pensamiento. Le costó entender esto pero al final consiguió salir del castillo y prosiguió su camino de la verdad.


Capítulo sexto: El Castillo de la Voluntad y la Osadía

El caballero recorrió el camino hasta llegar al castillo de la voluntad y la Osadía. De repente, se abrió la puerta y apareció un dragón que no era como los demás ya que era demasiado grande y de escamas verdes . El Caballero sintió miedo, Y Merlín no aparecía.

El dragón echaba fuego azul por todas partes. El Caballero intentó entrar pero tenía miedo, entonces la paloma le dijo que podía derrotarlo porque se conocía a sí mismo. Este dragón sólo se derrotaba con la verdad y la confianza en uno mismo. Decidió entrar pero salió corriendo porque se quemó.

El Caballero no quería volver a entrar pero comprendió que el dragón llamado Miedo y duda se podía derrotar porque era todo una ilusión y si él entraba firmemente no se quemaría. Así lo hizo. Se fue acercando al dragón y cada vez se hacía más pequeño, hasta tener el tamaño de una rana que arrojaba semillas de duda, pero el caballero logró pasar sin volverse atrás. Y desde entonces podía ver la cima de la montaña de la verdad.


Capítulo séptimo: la Cima de la Verdad

Subió finalmente la montaña desgarrándose los dedos por culpa de las afiladas rocas. Entonces antes de llegar a la cima encontró una inscripción, no sabía lo que quería decir y consideraba que era muy injusto ya que no podía pensar estando colgado de una roca. Entonces lo comprendió tenía que liberarse totalmente. Dudó durante unos segundos, pero al final se convenció con ayuda de Sam (su yo interior) y decidió arrojarse al vacío.

Mientras descendía recordaba cosas de su infancia y logra liberarse de todo lo que arrastraba. Entonces comenzó a elevarse y cuando se dio cuenta estaba en la cima de la montaña. Terminó por emocionarse y lloró, eran lágrimas que provenían del corazón por lo que estaban tan calientes que se derritió la última parte de la armadura. Ahora si era totalmente libre, había comprendido que el universo y él eran uno solo y ahora tenía un mayor resplandor. Entendió que la vida consistía en el amor, y todo lo que la formaba lo era.

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